Archivo | marzo, 2015

Brother, chiquinino, o cabezón como te decía Lolo…que te has ido.

6 Mar

la fotoQue esperaste a que llegara el fin de semana para empeorar del todo y así no hacernos perder ni un día de trabajo a nadie, tú que desde el principio le quitaste importancia al tema, que salías del médico diciendo que todo iba y bien y que no pasa nada, que me mandaste un último whatsapp con el doble icono de las palmas aplaudiendo, tú que siempre terciabas en las discusiones, que casi nunca discutías porque no iba contigo entrar en polémicas, tú te has ido.

Mientras que el cura hablaba en el mini-responso yo pensé que te merecías que alguien subiera ahí y, como en las películas te dedicara unas palabras, todos allí te conocíamos y te queríamos, cualquiera hubiera podido ponerse frente a todos y hablar de ti pero ¿quién no tenía la voz quebrada?, ¿quién hubiera podido decirte unas palabras de despedida sin llorar? Me hubiera gustado oír a tus amigos (¡¡madre cuantos!!) contar anécdotas sobre ti, a los del cole, a tus compañeros del fútbol recodar aquel gol o aquella derrota, a los de teatro reírse de aquél ladrón epicúreo, a tus vecinos recordando el último verano, a tus socios relatando las aventuras y desventuras de tu empresa, a los primos y tíos hablar de tu vida y a Lolo, a Eva o a Laura, hablar de tus sueños, de tu forma valiente y callada de encarar la vida y la muerte.

Yo hubiera querido salir y hablar de ti, pero no me hubieran salido las palabras, yo sé que libros leías, que pelis te gustaban y cuales eran tus cantantes y grupos favoritos. Lo sabía casi todo de ti porque eres mi hermano del alma, mi amigo. Cuando naciste yo tenía menos de 2 años, así que no recuerdo ese hecho, solo que tú siempre estuviste ahí, la persona que hasta ahora más tiempo ha estado en mi vida, 42 años. Contigo se va parte de eso, parte de lo que ya ha pasado y también todo lo que no va a pasar: no vas a hacerte viejo, no vas a terminar el libro que te dejé, ni me vas ayudar en el nuevo libro que voy a escribir, ni vas a hacer las empanadillas de queso de cabra con cebolla caramelizada, ni jugarás más con los niños, ni irás  a comprar la lotería, tampoco te jubilarás en Gijón, ni pasarás más fines de semana en Centenera,  o ceporreando en el sillón viendo cualquier cosa con tíos corriendo detrás de un balón, sea la  Super Bowl, la liga, la copa, la champion, o el ascenso a segunda B.

Eso es lo que me hace llorar y pedir explicaciones a quién corresponda, pensar que dejas muchas cosas por hacer y que no era tu hora, que no deja uno la vida con una hija tan pequeña, una mujer tan valiente y unos hermanos tan unidos. Voy a poner también a tus cuñados de uno y otro lado, porque se comportaron como hermanos, a tus sobrinos, para los que eras el mejor compañero de juegos y a los suegros de los tres porque se comportaron como los padres que ya no están.

La vida te quita y te da, pero nadie nos va a devolver a Lolo y  a mí el hermano perdido, nadie le va a devolver a Laura ese padre bromista, bonachón, siempre de buen humor que termina cediendo y levantando castigos y va le pide a los Reyes Magos la mejor cámara para la niña aunque trajera a casa demasiados suspensos, nadie le devolverá a Eva ese marido que no daba un paso sin ella, ¿mama que me pongo? Un marido que siempre estuvo en su sitio, dejándose querer y queriendo.

A lo mejor estoy llorando de más y resulta que ya estás por aquí, transformado en la nada que nos rodea, haciendo que te respiremos, acompañándonos en este dolor y convirtiéndote en pompa de jabón para que Adrián, Sara, Anabel, Cora o Martina vuelvan a jugar contigo. A lo mejor estás aquí y aun no te siento. Es demasiado pronto. Hace nada que te fuiste.

Lolo y yo